
Cuenta de pérdidas y ganancias para ecommerce: la guía sin humo (y con números de verdad)
¿Por qué facturas más cada mes y no te queda dinero?
Si cada fin de mes tu cuenta de pérdidas y ganancias parece un sudoku con agujeros, estás en el sitio correcto. Esto no va de «facturar mucho» como si fuera un trofeo. Va de margen, de caja y de decisiones que pagan el alquiler y las nóminas sin drama.
Un ecommerce que vende pero no sabe cuánto gana por pedido está conduciendo de noche sin luces. Puedes avanzar, sí. Pero al primer bache (un Black Friday mal medido, una subida de costes logísticos, las devoluciones disparadas) te vas a la cuneta.
Facturar es vanidad. El margen es verdad.
La cuenta de resultados de una tienda online se rompe por donde menos esperas: envíos «gratis» que no son gratis, devoluciones fuera de control, comisiones de pasarela que parecen pequeñas pero muerden cada pedido. Si no proteges tu margen, da igual cuántos pedidos entren. Cada uno puede ser un agujero negro.
Tu norte es el margen de contribución por canal. Esa cifra, y no el ROAS aislado, te dice si cada euro que metes en tráfico vuelve con amigos o con deudas. Y sí: puede que estés escalando una campaña que en realidad te sangra. Mejor descubrirlo hoy que cuando ya te quedaste sin caja.
Lo que viene es un esqueleto de cuenta de pérdidas y ganancias que puedes replicar en una hoja de cálculo o en tu BI. Nada de plantillas bonitas que no cuadran con tu banco. Ingresos netos, COGS, logística, pasarelas, marketing variable y fijo, estructura y EBITDA. La cadena completa, bien ordenada, con números de verdad y un pedido de 60 € que llevaremos hasta el último céntimo. Si te suena a bofetada, es intencional: la mayoría de pymes llegan a ROITIC exactamente así, con ventas, con potencial y con los números desordenados.

¿Cómo se ordena la cuenta de una tienda online?
La cuenta de resultados de un ecommerce no es la misma que la de una agencia o la de un SaaS. Aquí cada pedido arrastra costes directos que hay que contar bien para no engañarse.
El esqueleto es este. Ventas netas (brutas menos descuentos, devoluciones y envíos bonificados) menos COGS te dan el margen bruto. Restas después los costes por pedido que no son inventario (logística, packaging, pasarelas) y te queda el margen de contribución. Restas el marketing variable y aparece el margen de canal. Restas la estructura y llegas al EBITDA.
Lo variable va en el margen de canal: Ads, afiliados, comisiones por venta. Lo fijo de marketing, o sea salarios, herramientas y agencia, no. Eso afecta al EBITDA, y la diferencia es crítica para decidir bien.
La estructura son los salarios del equipo, alquileres, SaaS generales, asesoría y amortizaciones. Lo que queda es EBITDA. Si es positivo y creciente, vas bien. Si es negativo con las ventas en alza, estás escalando humo.
¿Qué cambia respecto a cualquier otro negocio? Tres cosas.
Las devoluciones no son una anécdota: son una línea de la cuenta de resultados, y si no las provisionas vivirás en un espejismo de ventas. El envío gratis es marketing disfrazado; si lo bonificas, cuéntalo en ingresos netos y no en logística, o tu margen bruto parecerá artificialmente alto. Y las pasarelas de pago (Stripe, PayPal, Klarna, SeQura) cobran un fijo más un variable que muerde cada transacción, con recargos añadidos en los pagos aplazados y en los internacionales: si no negocias y no revisas, ahí se te va un punto de margen sin darte cuenta.
Falta la atribución, que es drama puro. Si dejas que cada plataforma se asigne el mérito, te vas a creer millonario. Define ventanas y reglas, atribuye por cohorte y cállale la boca al ROAS mágico.
Con qué frecuencia se cierra: semanalmente para dirigir, mensualmente para reportar. El cierre semanal te da señal temprana, porque si la tasa de devolución sube dos puntos lo ves el lunes y no el día 30. El cierre mensual es el que se asienta contablemente, con devengos y provisiones.
La constancia es la ventaja injusta. Un tablero que cada semana te enseña ventas netas, margen de contribución por canal y CAC real te ahorra decisiones impulsivas. No hace falta ser un genio. Hace falta ser consistente.
Y este marco funciona igual si vendes artesanía desde Sitges que si vendes tecnología a toda España. La verdad contable no cambia con la postal del paquete.
¿Cuáles son tus ventas netas de verdad?
Las ventas brutas son el número bonito. Las ventas netas son el número honesto. Empieza por ahí.
La fórmula no tiene misterio: ventas netas = ventas brutas – descuentos – devoluciones – envíos bonificados. Con números redondos: vendes 100.000 € brutos en el mes, los descuentos y cupones se llevan 8.000 €, las devoluciones devengadas (no solo las reembolsadas) 12.000 € y los envíos bonificados 4.000 €. Ventas netas: 76.000 €. Ese es el número con el que empiezas a calcular tu margen bruto. Si te quedas con los 100.000 €, te inventaste un negocio que no existe.
El IVA no entra en esta historia. No es ingreso, es un pasivo fiscal, y tu cuenta trabaja siempre con importes netos de impuestos indirectos.
Los descuentos se reconocen en el momento de la venta. Si lanzas un cupón del 10% en la semana del 10 al 17, ese descuento va contra las ventas de esa semana. No lo arrastres y no lo metas como coste de marketing, porque es reducción de ingreso. Si haces cashback o cupones diferidos, provisiona según tu tasa histórica de canje: así evitas inflar el mes de lanzamiento y hundir el siguiente.
Con las devoluciones, igual. Provisiona cada semana en función de los pedidos enviados y de tu tasa histórica por categoría, y no esperes al reembolso efectivo: eso es contabilidad de caja, y aquí mandan los devengos. Fíjate una tasa objetivo con tu propio histórico, no con el del vecino.
Para que baje, ataca la expectativa antes que el proceso. Fichas de producto claras, fotos reales, guía de tallas con medidas, vídeos y contenido de clientes. Un RMA con motivos estructurados y oferta de cambio o vale inmediato. Comunicación proactiva de tiempos y condiciones antes de que el cliente pregunte. Y mide devolución por producto y por motivo, y ataca los diez primeros: compáralo con tus propios números, porque bajar tres puntos la tasa de devolución y subir un 10% el tráfico no cuestan lo mismo ni dejan lo mismo.
Los chargebacks tienen su propio techo, y conviene saber cuál es el que te aplica a ti. Según la documentación de Stripe sobre los programas de monitorización de las redes, el programa VAMP de Visa marca el incumplimiento en una ratio del 0,5% con 5 casos al mes, y el exceso en el 1,5% en la Unión Europea. El programa de Mastercard entra con 100 disputas mensuales y una tasa por encima del 1,5%, y sube de categoría a partir de 300 disputas y el 3%. Ahí no quieres estar.
Y no esperes a rozar el umbral para preocuparte, porque la propia documentación avisa de que la subida importa tanto como el nivel:
El estándar del sector considera excesiva una actividad de disputas por encima del 0,75%, pero otros factores, como un pico repentino o una tendencia al alza pronunciada, pueden meterte en un programa de monitorización antes de llegar a ese 0,75%.
Documentación de Stripe sobre disputas (traducido del original en inglés)
Documenta envíos, prueba de entrega y políticas, y configura bien 3D Secure y tus reglas de riesgo.
¿Y el envío que regalas? Si lo bonificas, estás bonificando ingreso: réstalo de las ventas brutas. No lo metas en logística o tu margen bruto parecerá inflado y tomarás malas decisiones. Para que no se coma el margen, hay tres palancas: un umbral de envío gratis alineado con tu ticket medio y tu coste medio de envío, tarifas planas por zona y bundles que diluyan el coste por pedido. Mide el coste de envío por pedido por cohortes y ajusta.
Todo esto sale de tu propia tienda, no de una hoja inventada. En Shopify: «Finances Summary», «Sales over time», «Payments Payouts» y «Returns»; exporta «Orders» con las columnas de descuentos y shipping lines, y separa el IVA con «Taxes collected». En WooCommerce: Analytics > Revenue, Orders, Coupons, Taxes y Refunds. Exporta el CSV y crúzalo con Stripe o PayPal para casar cobros y comisiones.
La regla es simple: el ingreso neto viene de la plataforma y el cobro neto viene de la pasarela. Casar los dos evita ventas fantasma y comisiones invisibles. Si trabajas con varios tipos de IVA, registra el correcto por país.
Si quieres atacar esto por el lado de la conversión y la retención, para amortiguar las devoluciones, ahí van la optimización de conversión y la repetición de compra.
¿Cuánto cuesta de verdad servir un pedido?
Aquí se decide gran parte de tu destino.
Los COGS no son solo «lo que te costó el producto». El inventario es un activo y no es gasto hasta que se vende, o hasta que se deteriora. Lo que necesitas es el coste unitario puesto en tu almacén: precio de proveedor, más transporte, más aranceles, más seguros, más manipulaciones de entrada, menos los descuentos del proveedor. Si hay mermas o roturas, provisiona y ajusta el coste promedio. Si haces bundles, reparte el coste según precio relativo o coste unitario. Y actualiza el coste medio ponderado cada vez que entra una partida nueva, porque tu margen bruto depende de esa matemática.
La logística se desglosa en cuatro cosas: picking y packing (mano de obra o fee del 3PL), packaging (cajas, relleno, etiquetas), envío (tarifa por zona y peso) y logística inversa. Mide coste por pedido y por kilo. Y no uses promedios eternos: actualiza tarifas y recargos de combustible y de temporada alta.
Negocia con datos: volumen mensual, estacionalidad, porcentaje de devoluciones y zonas de entrega. Consolida el volumen en dos o tres servicios y revísalo cada trimestre. Introduce reglas propias, del tipo «no hay exprés gratis» o «a partir de este peso, caja en lugar de sobre».
Las pasarelas funcionan con un fijo por transacción más un variable sobre el importe. Los pagos aplazados (Klarna, Clearpay, SeQura) cuestan más porque asumen el riesgo, y los internacionales añaden el cambio de divisa. PayPal puede salir más caro y a la vez convertir mejor en según qué nichos: mídelo, no lo supongas. Mira tus liquidaciones reales de los últimos tres meses y saca tu coste medio por pedido, que es el único dato que te sirve para negociar.
Para hacerte una idea del orden de magnitud, hay tarifas públicas. Stripe publica la suya: 1,5% + 0,25 € por tarjeta estándar del Espacio Económico Europeo, 2,8% + 0,25 € si la tarjeta es premium (las de empresa y las de recompensas) y 3,15% + 0,25 € si es internacional, con un 2% adicional cuando hay cambio de divisa. Sobre un pedido de 100 € netos eso son 1,75 €, 3,05 € y 3,40 € respectivamente. La misma venta, el mismo producto, el mismo envío, y casi el doble de comisión según qué tarjeta saque el cliente del bolsillo. Esa es la línea que nadie mira y que se come un punto de margen en silencio.
Para bajarlo tienes más margen del que crees. Negocia el MDR por volumen y ticket medio, consolida medios de pago, activa 3D Secure 2.0 para reducir fraude, ofrece métodos locales con menos comisión (Bizum, transferencia instantánea) y revisa los chargebacks cada mes. Pide paridad de comisiones entre canales cuando sea viable.
Negociar no es glamuroso, pero paga. Un 0,3% menos de comisión de pasarela, o 0,50 € menos por paquete, te arreglan un trimestre.

¿Qué marketing puedes cargar a un pedido y cuál no?
Aquí se estropean muchas cuentas de resultados: todo el marketing tirado a variable. Error.
Variable es lo que puedes asignar a un pedido o a un canal concreto: inversión en plataformas de Ads (Meta, Google, TikTok), comisiones de afiliados, fees por pedido de marketplaces, payouts a creadores por venta, acuerdos de pago por conversión. Fijo es el equipo interno, las herramientas (Klaviyo, GA4 360, el gestor de feeds), el fee mensual de agencia y los costes creativos que no cuelgan de una campaña concreta. Lo fijo se contabiliza en estructura y no distorsiona el margen de canal.
El gasto tampoco se mira por mes de calendario, sino por cohorte de pedidos dentro de una ventana de atribución. Define ventanas por canal (7 días de clic en Meta, 30 días en búsqueda de marca, 24 h de view-through) e imputa el gasto proporcional a los pedidos generados en esa ventana. Si no lo haces, compras tráfico hoy, vendes mañana y crees que el ROAS es mágico. No lo es. Es timing.
Hazlo semanal: coges los pedidos con UTM del 1 al 7, asignas el gasto del mismo periodo según tu ventana y dejas de abrir grifos por un ROAS inflado. Si tienes volumen suficiente, monta un modelo propio en lugar de fiarte del último clic a secas.
De ahí sale el CAC por canal: gasto del canal atribuido dividido entre pedidos atribuidos. ¿Y cuál es un CAC sano? El que deja sitio a tu margen de contribución. Regla rápida: CAC máximo = margen de contribución medio del canal por tu ratio objetivo, que será 0,7 si quieres que el 30% de la contribución quede para estructura y beneficio. Si tu contribución media en Meta es de 20 € por pedido, tu CAC objetivo no debería pasar de 14 €. Por encima, estás comprando crecimiento a pérdidas.
A menos, claro, que tu LTV lo justifique y tu caja lo aguante. Mide el LTV neto (ingresos netos menos COGS, menos costes de pedido, menos marketing de retención) por cohorte a 3, 6 y 12 meses. El LTV bruto engaña; el neto te permite decidir si puedes permitirte un CAC más alto. Si tu LTV neto a 6 meses es 2x tu CAC, vas bien. Si no lo es, no escales por fe: arregla la retención antes de meter gasolina.
Porque la forma más barata de bajar el CAC medio es que el cliente repita. Email y SMS bien orquestados convierten mejor que cualquier campaña fría: bienvenida, carrito abandonado, post-compra, winback y recomendaciones. Un programa de fidelización con niveles y beneficios reales sube el valor de cliente y el ticket medio, y con IA puedes segmentar por propensión a comprar y mandar la oferta justa. Así lo trabajamos nosotros: retención y repetición e IA para ecommerce.
Una cosa más antes de los números. Periodifica las campañas grandes. Parte del gasto de noviembre empuja ventas de diciembre por entregas y devoluciones, así que devenga creatividades, producción y fees entre los meses que generan la venta, siguiendo tus patrones históricos. Documenta briefing, fechas, medios, imputación y resultados. Y guarda caja para la logística inversa de después: tu cuenta de diciembre te lo agradecerá.
Un pedido de 60 €, hasta el último céntimo
La unidad económica es tu brújula. Un pedido no es «60 € de alegría». Es una ecuación.
Pedido promedio de 60 €, con el IVA del 21% incluido. Ingreso neto sin IVA: 49,59 €. Descuento aplicado: 2,38 €. Envío bonificado: 2,50 €. Ventas netas del pedido: 44,71 €.
COGS puesto en almacén: 18,00 €. Margen bruto: 26,71 €.
Costes por pedido: logística 5,30 € (picking y packing 1,00 €, packaging 0,50 €, envío 3,80 € neto) y pasarela 0,94 € (0,20 € fijos más el 1,5% sobre 49,59 €). Total: 6,24 €. Margen de contribución: 20,47 €.
Esos 20,47 € son todo lo que tienes para marketing y, si sobra, para estructura. Con un CAC medio de 15 € en ese canal te quedan 5,47 € para estructura y beneficio. Con un CAC de 22 €, perdiste dinero antes de pagar sueldos.
- Lo que paga el cliente60,00 €
- IVA del 21%, que nunca fue tuyo−10,41 €
- Descuento aplicado−2,38 €
- Envío bonificado−2,50 €
- Ventas netas44,71 €
- Producto puesto en almacén−18,00 €
- Margen bruto26,71 €
- Logística−5,30 €
- Pasarela de pago−0,94 €
- Margen de contribución20,47 €
- Con un CAC de 14 €6,47 €
- Con un CAC de 15 €5,47 €
- Si el CAC iguala tu contribución0,00 €
- Con un CAC de 22 €−1,53 €
¿Cuánto deja de verdad un pedido medio en tu tienda? Mándanos un mes de pedidos con sus costes y te devolvemos esta misma cascada con tus números: qué queda después de COGS, logística y pasarela, cuál es tu margen de contribución real y a partir de qué CAC dejas de ganar dinero en cada canal. Sin coste y sin compromiso.
Fíjate en lo que acaba de decirte el ejercicio. El margen bruto te dice cuánta riqueza crea tu producto antes de tocar la operación del pedido, y sirve para fijar precios y decidir el mix. El margen de contribución te dice cuánto queda por pedido para pagar marketing y estructura, y es el termómetro operativo. Si tu bruto es sano pero tu contribución es pobre, el problema está en logística y pagos. Si los dos son pobres, el problema está en precios y COGS.
El punto de equilibrio por pedido está donde la contribución menos el CAC da cero. Ajusta envío bonificado y promociones para que sea alcanzable, y si haces cuenta de resultados por canal, súmale la estructura asignada. Es lo más útil que vas a tener para decidir qué apagar cuando la caja aprieta.
El EBITDA es el margen de canal total menos la estructura. Si es negativo de forma sostenida y tu caja no lo soporta, no estás invirtiendo: estás ardiendo. Si es positivo pero volátil, tu problema es de previsibilidad. En esta fase lo que buscas es EBITDA positivo y estable, con reinversiones controladas.
Ahora, la decisión. Ese pedido de 60 € tiene dos versiones.
| Un pedido de 60 € | Con envío bonificado | Cobrando el envío |
|---|---|---|
| Envío que regalas | −2,50 € | 0 € |
| Envío que te paga el cliente | 0 € | 3,50 € |
| Lo que te cuesta el envío a ti | −3,80 € | −3,80 € |
| Margen de contribución | 20,47 € | 26,47 € |
| Diferencia por pedido | el punto de partida | +6,00 € |
| Lo que arriesgas | nada | algo de conversión |
Haz la cuenta despacio, porque tiene truco. En el segundo escenario dejas de regalar 2,50 € de envío y además cobras 3,50 € al cliente: son 6,00 € de diferencia por pedido, aunque el envío te siga costando a ti los mismos 3,80 € en los dos casos. La contribución pasa de 20,47 € a 26,47 €. Lo que no sabes es cuánta conversión pierdes por el camino, y esa cifra no te la puede dar ningún artículo: te la da tu tienda. Si la caída te cuesta menos de esos 6,00 € por pedido, quita el envío gratis. Pruébalo por zonas y mide el impacto en contribución total, no solo en la tasa de conversión.
La decisión práctica está casi siempre en medio: envío gratis a partir de 70 o 75 € para empujar el ticket medio sin destrozar la contribución. Y comunícalo, que un umbral que el cliente no ve no empuja nada.
Este lenguaje, además, te sirve para hablar con tu equipo sin discutir. «Este canal deja 7 € de contribución después de Ads» es más honesto que «ROAS 3x». El ROAS puede ser 3x con el margen muerto. La contribución no miente. Llévalo también a tu banco: cuando ven que controlas tu unidad económica, financiar circulante es bastante más fácil.
¿Cómo cuadras los datos y no vuelves a perderlos?
Si tu plataforma dice una cosa, tu pasarela otra y tu contable otra distinta, no tienes verdad: tienes tres verdades parciales.
Cada día o cada semana toca lo mismo. Exportas los pedidos enviados y cobrados, los cruzas con los payouts de Stripe o PayPal, registras las comisiones por pedido, marcas reembolsos y chargebacks y actualizas la provisión de devoluciones según los pedidos enviados. Resultado: ventas netas y contribución por canal frescas. Si trabajas con un 3PL, concilia albaranes de salida y devoluciones con tus pedidos para no dejar huecos de almacén.
Cada mes toca el puente con la contabilidad. Cierras ventas netas por país e impuesto, registras el devengo de las devoluciones pendientes, reconoces el COGS vendido y los deterioros, asientas comisiones de pasarela y logística por devengo y periodificas campañas. Ventas netas de plataforma, menos diferencias de IVA, menos devoluciones devengadas, más o menos redondeos, igual a ventas netas contables. Documenta cada ajuste.
Hay cinco errores que rompen un cierre una y otra vez:
- Devoluciones fuera de periodo: provisiona por fecha de envío, no por fecha de reembolso.
- Doble conteo de descuentos: si el cupón ya reduce el ingreso, no lo metas además en marketing.
- Fees invisibles: cambio de divisa, chargebacks, recargos de temporada alta. Crea cuentas específicas y vigila la tendencia.
- IVA mal tratado: no infles las ventas con el IVA incluido. Trabaja neto de impuestos indirectos.
- Pasarelas duplicadas: las ventas de PayPal ya están cobradas, no las sumes otra vez con Stripe.
Hacer esto a mano cada mes es invitar al error humano, y a odiar los números. Empieza con una hoja maestra, con pestañas para Pedidos, COGS, Logística, Pasarelas, Marketing y Estructura, y calcula las métricas por canal y por cohorte. Luego súbelo a un BI (Looker Studio, Power BI) con conector a tu tienda y a tu pasarela; Zapier o Make pueden automatizar exportaciones y cargas nocturnas. Y configura alertas: contribución por canal por debajo del umbral, pico de devoluciones, CAC fuera de rango. Si quieres montarlo sin tocar un CSV, esto es automatización de procesos e IA para ecommerce.
Con el mapa hecho, toca afilar el hacha. Cuatro palancas para mover tu cuenta de resultados en 90 días, por este orden.
Mata las métricas ego. Deja de celebrar un ROAS 4x si tu margen de contribución es de 3 €. Mide el ROAS de contribución, que es ingresos netos menos COGS menos costes de pedido, dividido entre el gasto del canal. Y deja de enamorarte de la tasa de conversión sin mirar ticket medio y margen: prefiere menos conversiones con más contribución.
Tapa las fugas. Devoluciones y comisiones, con todo lo de más arriba. Pide revisión del MDR cada trimestre con tus datos de volumen y fraude, compara dos o tres opciones y usa la competencia a tu favor. En logística, consolida en dos transportistas, crea escalados de precio por volumen y revisa mínimos de facturación y recargos de temporada. Entre un 0,2% y un 0,5% menos de comisión compensa muchas horas de optimización inútil.
Sube el ticket medio. Bundles con precio anclado, umbral de envío gratis que proteja la contribución y upsells justo después de añadir al carrito. Revisa precios por elasticidad: subidas pequeñas, del 2% al 4%, probadas con test A/B, pueden mejorar margen sin matar la conversión. Más ideas en aumentar el ticket medio.
Automatiza el control para no recaer. Tu tablero semanal enseña ventas netas, margen de contribución por canal, CAC por canal, tasa de devoluciones y cash burn, con alertas si la contribución baja de X € por pedido o si el CAC supera el umbral. Cierra cada lunes. Sin excusas. Y si prefieres que lo monte alguien, esto es automatización.
Crecer no es hacer más cosas. Es hacer menos, mejor, y con los números a la vista.
Si has llegado hasta aquí ya diste el primer paso, que es la claridad. Lo que viene después va de disciplina, de decir que no a lo que no suma margen y de medir con una frialdad casi aburrida. Es lo que separa a las tiendas que sobreviven de las que prosperan. Dar ese salto no es fácil, y el viaje puede ser solitario. El siguiente paso es elegir bien a tu compañero de viaje.



